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Bienvenido a mi blog

Este blog nace con la intención de compartir mi experiencia con el uso de la Comunicación No Violenta en la crianza de mi hijo Joel, que ahora tiene 5 años.

No diré que por utilizar esta herramienta todo me resulte siempre más fácil, ni que sea capaz de usarla en todo momento. Ser empática con Joel en momentos de cansancio, o de estrés supone un verdadero trabajo sobre mí misma. Sigue leyendo “Bienvenido a mi blog”

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Reflexiones

Conexión

Hoy, después de una sesión de mediación con un grupo, me he dado cuenta de que la conexión es “contagiosa”. Yo he sentido conexión al ver cómo se conectaban ellos.

Cuando estoy conectada bajo la velocidad, me ralentizo, hasta mi respiración es más lenta, más profunda. Veo la belleza de las cosas que me rodean y de las personas. Mi cuerpo está blandito, relajado. No soy capaz de dañar, ni siquiera a un pequeño animal. Me siento viva, plena, bella, no necesariamente alegre, conecto con lo que está presente, con lo que está vivo en mi, también puede ser tristeza, o duelo.

Cuando estoy conectada entiendo mejor la palabra Amor y también la compasión, estoy menos apegada a las cosas, a las personas, a los resultados. Soy capaz de comprender lo que otras veces se me escapa y de sentir que todo y todos estamos interrelacionados.

Cuando estoy conectada conmigo misma no siento miedo, confío en la vida. No estoy enfadada, no estoy en otros, estoy en mí. Siento que hay esperanza, que hasta lo que más duele puede ser acogido. Y celebro la vida y tengo muchas ganas de compartirla.

Cuando me siento así no quiero que se acabe, y a la vez comprendo que, de momento, solo es para mí un estado temporal, del que me acaba sacando mi mente, mis pensamientos. A veces siento microconexiones, y noto que despierto y después otra vez me adormezco… Y siempre anhelo regresar a ese estado, aunque a menudo, anestesiada, simplemente se me olvida.

Y me pregunto ¿qué necesito para conectarme? A veces me basta un abrazo de mi hijo y otras paso días o semanas sin encontrar la manera, sintiendo que no estoy tan presente como me gustaría, que mi mente manda más que mi cuerpo, que la vida se va sin que yo la saboree del todo…

Y me pregunto también ¿cómo puedo contribuir a generar conexión a mi alrededor? Y me doy cuenta de que me queda mucho por explorar y por aprender en este terreno. Y hoy me digo que éste es ni más ni menos que mi propósito de vida: Generar Conexión, conmigo, con otras y entre otras (personas) y quiero celebrar y compartir que ya estoy en ese camino.

Kontxi Ruiz

 

Reflexiones

Amor y Libertad

Llevo un tiempo preguntándome qué es el amor. Me refiero al amor de pareja, o simplemente al amor entre personas adultas sin vínculos de sangre… ¿De qué ingredientes está hecho? ¿a qué sabe?

Después de varios años sin una relación convencional de pareja, ahora se da en mi vida el encuentro con una persona, que me pide únicamente dos cosas: comunicación y autenticidad.

Y llega primero el miedo a perder mi libertad, disfrazado de miedo al compromiso y me susurra al oído, en tono de alarma, que hay muchas cosas que no podré hacer si me comprometo, que hay muchas cosas que pierdo…Y pasa algún tiempo y voy tomando conciencia de que puedo amar a esa persona y a la vez, sentirme atraída en algún momento por otra, o disfrutar hasta el éxtasis de una caricia con otra…y estoy asustada de esa capacidad de entregarme al placer de esos momentos con total presencia, con total disfrute… porque aun habitan en mí ciertos esquemas mentales que me dicen lo que  debería sentir y no sentir, hacer y no hacer dentro del amor de pareja…

Y me doy cuenta de que él me quiere así, con esa capacidad de amar y de sentirme viva y me llega como total aceptación de mi ser… y es absolutamente nuevo para mí, abrumadoramente nuevo… Y me siento agradecida de que la vida me haga este regalo y a la vez me miro y veo que estoy muerta de miedo… porque caigo en la cuenta de que él tiene la misma capacidad de sentir que yo y pienso que este amor solo puede corresponderse con una aceptación de la misma dimensión hacia él… y temo no ser capaz de hacerlo….

Y una parte de mí, se siente muy vulnerable y quiere salir huyendo, antes de que el amor sea “demasiado grande”. Y me doy cuenta de las creencias obsoletas que aun quieren dirigir mi vida, diciéndome, que si me “engancho´” con alguien así, voy a sufrir, porque no voy a poder poseerle y no sé si soy capaz de “compartirlo”, temo vivir con el miedo de perderle… Y detecto en mí, desde el momento en que me abro a una relación más profunda, una energía de exigencia, de querer cambiarle, de no aceptación, de juicio… que ha estado presente y con mucha fuerza en todas mis anteriores relaciones, especialmente en la relación conmigo misma.

Y me miro un poco más despacio y dejo que mi corazón tiemble y después dejo que se ablande, y que caigan muros… hasta encontrar ese estado de conciencia que va más allá del amor, y que para mí es la compasión. Compasión como aceptación de la perfección de este momento en el que ahora vivo, con todo lo que hay, con toda mi vulnerabilidad, con todos mis miedos…

Y desde ahí me digo que quizá también yo pueda algún día aceptar al otro tal cual es y si no puedo quizá al menos pueda aceptarme a mí misma con compasión y elegir otro camino…

Y me pregunto de nuevo ¿de qué ingredientes está hecho el amor? ¿a qué huele? ¿a qué sabe? Y me digo que el amor que yo busco anhela dosis de presencia, de aceptación, de contacto, de armonía, de placer, de confianza… y que la alquimia del momento puede darle el aroma a mar, a viento, a rosas, a azahar, o a tormenta… y el sabor a miel o a sal o a vida… Y me digo que es el mismo sabor y el mismo olor que el de la libertad… y si les quiero poner un color, al amor y a la libertad, como diría una amiga, sería el amar i yo…

Joel y yo

Dinero

A Joel le ha entrado “la fiebre del dinero”, parece como si hubiese caído en la cuenta, así, de repente, de que con dinero se pueden conseguir las cosas que le gustan y también de que él puede conseguir dinero. Ha empezado a pedirlo, a mí, a mi madre, a sus tíos…

El otro día bajó donde mi madre, le hizo un masaje y le preguntó si le daría algo de dinero a cambio. Mi madre le dio un euro y el subió muy contento a enseñármelo. Yo le miré mientras pensaba “joooo le ha pedido dinero a cambio de un masaje…” y empezaban a pasar por mi mente algunos juicios sobre él y sobre mi madre. No dije nada, pero el debió leer la censura en mi mirada o en mi gesto… Lo pienso porque al día siguiente volvió a bajar donde mi madre, esta vez para hacerle un espectáculo de marionetas, y cuando terminó le dijo que “no tenía por qué darle nada a cambio pero que si quería que se lo diera…” (Joel había dejado la puerta abierta así que yo lo escuchaba todo desde arriba) Y ella le dio 2 monedas de 50 céntimos… Subieron los dos juntos, Joel me enseñó su dinero con una gran sonrisa, “ahora podré comprarme otro coche de hootweels” dijo y rápidamente añadió que ella se lo había dado porque había querido, que él no le había pedido nada… Sigue leyendo “Dinero”

Joel y yo

Cómprame un juguete

NuevoDocumento 2018-04-30 (1)_1 (1)Hoy al volver del cole, Joel se ha parado enfrente de una tienda del todo a 100, ha señalado unos camiones de juguete que venían en un pack y me ha pedido que se los compre. Le he dicho que no.

Joel: ¡Jo ama! ¡Nunca me compras nada!

Recuerdo que ayer le regalé un gourmitie que le traje de Madrid porque él me lo había pedido y me digo que hoy no toca comprar nada y menos en el todo a 100. Sigo caminando. Pero Joel me agarra de la ropa y tira de mí en dirección a la tienda.

Joel: Amaaaa ¿es que siempre tienes que ganar tú? Sigue leyendo “Cómprame un juguete”

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El osito de Joel

Hace tiempo que quería escribir sobre una anécdota que me ocurrió con mi hijo poco después de conocer la CNV, cuando yo estaba tratando de dar mis primeros pasos con este nuevo lenguaje. Lo que pasó fue un regalo para mí, que todavía me inspira y me motiva a escuchar cada vez más la vocecita de mi corazón. Por eso lo comparto.

Ocurrió cuando Joel tenía dos años y medio más o menos. Un día fuimos a visitar a una amiga y Joel se vino a casa con un osito de peluche. Estaba muy contento y no quería separarse de él. Llegó la hora del baño, antes de ir a la cama, y me dijo que quería bañarse con el osito. Yo le dije que si  se mojaba, después no podría meterlo en la cama y no podría dormir con él. Pero Joel insistió e insistió y yo cedí, pensando algo así como: “aprenderá la lección”…

Y terminó el baño. El osito estaba empapado y tal y como yo había previsto, Joel quería llevárselo a la cama para dormir. Y, por supuesto, yo le dije que NOOOO, que ya se lo había avisado, que estaba muy mojado y que no podía ser….

El empezó a llorar y yo me mantuve en mi papel de “madre firme”, “que mantiene su decisión, porque además tiene razón y porque el niño tiene que aprender una lección”…

Pero Joel seguía llorando y yo no me sentía bien. Por un momento me paré a observarle. No me parecía que sintiera rabia, me llegaba más bien tristeza, desamparo… Me sentí conmovida y poco a poco mi actitud cambió. Empecé a notar compasión dentro de mí y comprensión de lo que le estaba pasando, me olvidé de mi “rol de madre” y comencé a validar sus sentimientos: “quieres mucho al osito, ¿verdad?” Tanto que hoy no te quieres separar de él, ¿es eso?”… “Siiiiiiiii” respondía él. “Ya veo cariño, a mi me pasa que como veo que está mojado, me preocupa que se moje la cama y nos de frío a los dos…¿Qué podemos hacer?”

Naturalmente él tenía 2 años y solo me dijo, aun llorando: “no se ama….” Pero entonces empezaron a llegar a mi cabeza montones de ideas: secarlo con el secador de pelo, envolverlo en una toalla, meterlo en una bolsa de plástico…

Así que finalmente escurrí el osito y lo envolví en una toalla, de tal manera que apenas se veía el muñeco. Le pregunté a Joel si le servía así y me dijo: “si ama”, con tanto agradecimiento en sus ojos que me emocioné. Nos abrazamos los tres y en aquel momento pensé que eso tan gustoso que yo estaba sintiendo por primera vez con mi hijo, debía ser “la conexión” de la que tanto hablaba Marshall en su libro.

Y cuando ya estaba en la cama, con el osito entre sus brazos, Joel me dijo: “ama, ¿sabes qué? nunca más voy a meter un peluche en la bañera”.

Y nunca más lo ha vuelto a hacer. Y desde entonces me digo a mí misma, que mi papel como madre no es el de aleccionar, que mi hijo recoge de la vida sus propias lecciones cada día y que mi mayor prioridad en la crianza es sentirme cercana y conectada a él.

 

Kontxi Ruiz

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Cuidado y autocuidado

Este fin de semana lo paso con mi hijo. Hoy es sábado, y cuando me he levantado he empezado a notar ese cosquilleo en el pecho que me habla de ansiedad… Tiene que ver con cómo vamos a pasar el día. De momento, no he quedado con nadie. Hace sol, me digo que quiero aprovecharlo, que estaría bien pasarlo fuera. Ayer llovía y estuvimos toda la tarde solos en casa. Hay unas jornadas en un pueblo cercano, Balmaseda. Ofrecen actividades que me interesan, además estarán algunos amigos y también habrá niños. Yo quiero ir, pero Joel lleva varios días diciéndome que quiere ir a un txikipark, uno que conoce, uno al que nunca ha ido conmigo.

Le propongo ir a Balmaseda.  El responde “pero ama, me habías dicho que íbamos a ir al txikipark, ¿podemos llamar a Kevin para que venga con nosotros?” Yo no recuerdo haberme comprometido a llevarle a ningún sitio, pero no digo nada.

Paso la mañana dudando. Kevin es el hijo de la pareja de su padre, me gusta que quiera estar con él. Además me digo: “para un fin de semana que estoy con mi hijo lo lógico es que lo priorice a él”. Finalmente les llamo y quedo en recoger a Kevin por la tarde. Pero, nada más colgar el teléfono, ya estoy arrepintiéndome de haberme comprometido… Me siento frustrada y empiezo a llorar.

Joel: Conozco esa voz…

Yo: Si, estoy llorando…

Joel: ¿Por qué?

Yo: Pues porqueee… no me siento bien… es que hoy es sábado y quería estar con mis amigos y al final vamos a ir al txikipark, vosotros estaréis jugando  y yo estaré sola y el último sábado que estuvimos juntos pasó algo parecido… Y estaba sintiéndome molesta conmigo misma por no cuidarme más a mí también… Me gustaría que la próxima vez encontráramos un plan que nos gustase a los dos.

Joel: Ama, es que yo quería ir al txikipark…

Yo: Lo sé cariño y yo quería tenerlo en cuenta y que estuvieses con Kevin, por eso vamos a ir, y a la vez me doy cuenta de que yo también necesito divertirme y compartir con mis amigos y a veces me olvido de cuidar de mí…

Joel: Mira ama, buscaremos amigos para ti… No llores.

Yo: Joooooo déjame llorar, me va bien desahogarme…

Joel: Valeeee entonces te ayudaré, pero eso me da la risa…

Y empieza a abrazarme y a darme besos. Me llega mucho cariño… empieza a darme la risa a mí también…

Joel: Y mañana podemos ir a Balmaseda si quieres…

Y me voy sintiendo mejor, me he desahogado y he sentido mucho cuidado por parte de mi hijo.

Y de pronto han empezado a llegar a mi cabeza ideas nuevas para esta tarde: me llevo un libro que quería leer, aprovecharé para llamar a una amiga mientras ellos juegan… Y esto ha contribuido a aliviarme.

Finalmente he disfrutado de la tarde. He hablado con mi amiga Cris, que vive más lejos de lo que me gustaría, durante casi una hora. Hacía mucho que no hablábamos y ha sido todo un placer. Y no he leído mi libro pero me ha gustado mucho ver a mi hijo saltar y corretear de un lado a otro y jugar con Kevin y otros niños.

Y mañana no iremos a Balmaseda pero hemos quedado con unos amigos y sus hijos, y éste es un plan que nos encanta a los dos.

Kontxi Ruiz

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Me rindo

Hay mucho amor entre Joel y yo últimamente. Le siento más cercano que nunca. Nos abrazamos, nos besamos, cantamos juntos, nos masajeamos…. Siento complicidad. Y creo que tiene que ver con un cambio de actitud en mí. Algo así como un “me rindo, abandono la lucha, me relajo” y busco otras maneras de solucionar.

Esta tarde, por ejemplo, después de jugar un rato juntos en la alfombra, yo me he levantado y me he puesto a colgar la ropa. Mientras lo hacía, Joel ha empezado a tirar juguetes al suelo y a reírse. También ha tirado el colgador con la ropa mientras se partía de risa… En ese momento he escuchado una vocecita dentro de mí que quería decirle: “Joel, ya basta, ya he jugado mucho rato contigo, ahora vamos a recoger todo esto…” Pero en lugar de eso he respirado profundo y le he dicho:

Yo: Uauuuuu, hay mucha energía que quiere salir de ese cuerpecito, ¿eh?

Joel: Siiiiii, riéndose…

Yo: Vale, ¿quieres que juguemos a “culo caca”?

Joel: Siiiiiiiiii.

Yo: ¡!Vamos a la camaaaa!!

A Joel le encanta jugar a “culo caca”. Se ha inventado y ha dado nombre al juego y consiste en que él intenta poner su “culo maloliente” en mi nariz y tirarse un pedo y yo me resisto. Nos tiramos en la cama y luchamos…. Nos partimos de risa. Jugamos a esto unos 10 minutos. Después yo ya no quiero jugar más, pero él sí. Sigue saltando en la cama sin parar de reir.

Y se me ocurre proponerle un reto: correr desde el sofá a la cama con salto incluido 7 veces. El acepta. Y no sé cuántas veces lo ha hecho en total, pero cuando ha terminado me ha ayudado a recoger el colgador y yo he seguido colgando la ropa, mientras él recogía, por su propia iniciativa, los juguetes que había tirado antes al suelo y sacaba uno nuevo y empezaba a jugar. Y mientras le veía jugar, yo pensaba, sorprendida, en lo fácil que pueden resultar las cosas.

Kontxi Ruiz