Joel y yo

Dinero

A Joel le ha entrado “la fiebre del dinero”, parece como si hubiese caído en la cuenta, así, de repente, de que con dinero se pueden conseguir las cosas que le gustan y también de que él puede conseguir dinero. Ha empezado a pedirlo, a mí, a mi madre, a sus tíos…

El otro día bajó donde mi madre, le hizo un masaje y le preguntó si le daría algo de dinero a cambio. Mi madre le dio un euro y el subió muy contento a enseñármelo. Yo le miré mientras pensaba “joooo le ha pedido dinero a cambio de un masaje…” y empezaban a pasar por mi mente algunos juicios sobre él y sobre mi madre. No dije nada, pero el debió leer la censura en mi mirada o en mi gesto… Lo pienso porque al día siguiente volvió a bajar donde mi madre, esta vez para hacerle un espectáculo de marionetas, y cuando terminó le dijo que “no tenía por qué darle nada a cambio pero que si quería que se lo diera…” (Joel había dejado la puerta abierta así que yo lo escuchaba todo desde arriba) Y ella le dio 2 monedas de 50 céntimos… Subieron los dos juntos, Joel me enseñó su dinero con una gran sonrisa, “ahora podré comprarme otro coche de hootweels” dijo y rápidamente añadió que ella se lo había dado porque había querido, que él no le había pedido nada…

Miré a mi madre y ella con una sonrisa me dijo: “Sí, sí, así es, el no me ha pedido nada…”

Y de pronto sentí un enfado enorme creciéndome por dentro. Dije, entre dientes: “joder ama”… Y con mucho esfuerzo, respiré profundamente y conseguí contener todo lo demás que me hubiera gustado decirle en ese momento… Ya he aprendido que cuando me expreso desde la rabia, nunca consigo mi verdadero objetivo. Si quiero sentirme entendida y escuchada y asegurarme de que la próxima vez las cosas sean de otra manera necesito tomarme mi tiempo, el suficiente para conseguir expresar lo que causó mi rabia de una forma más eficaz y menos dañina… Aun así me sigue costando “parar y no lanzar mis juicios” en cosas que me tocan especialmente, y sobre todo con algunas personas.

Yo pensaba en ese momento: joder ama, no te enteras de nada, ¿es que no ves lo que le trasmites al niño, es que no te das cuenta del daño que le haces…? ¿Le vas a dar un euro cada vez que haga algo?… Ella se dió cuenta de mi malestar aunque yo no hablara y me dijo: “ay hija, nunca acierto… bueno, bueno, ya no le daré nunca más…” y yo respondí, ya más tranquila, “vale mamá, mejor lo hablamos en otro momento…”

Después, con calma he podido mirar dentro y he comprendido que desde que Joel ha empezado a interesarse por el dinero tengo el miedo de no saber trasmitirle algunos valores que para mí son importantes. Entiendo que quiera dinero para poder comprarse lo que le gusta y a la vez me encantaría que pudiera conectar con el placer de hacer cosas por los demás sin esperar nada a cambio, simplemente por el gusto de ayudar o de contribuir al bienestar de otros. Me da miedo y tristeza pensar que la única motivación que encuentre para hacer cosas por otros sea recibir algo a cambio. Es justo esto lo que quería que entendiese mi madre. Ella está muy cerca, es también un referente para Joel, y me gustaría mucho que me ayudase con esto…

A la vez puedo entender lo importante que es para ella recibir el cariño de Joel, la ilusión que le hace ver su reacción cuando ella le da dinero, o un bombón, o un chupachús…

Hablamos al cabo de dos días, en un momento de tranquilidad para las dos, le conté porqué me había enfadado el otro día, le hablé de lo que era importante para mí, también hablé de lo que imaginaba que le pasaba a ella… Fue más fácil de lo que yo esperaba. Ella me dijo que agradecía que se lo hubiera explicado, yo le dije que no me importaba que le diera algo a Joel de vez en cuando, ella añadió que cuidaría de que no fuera a cambio de nada… Me sentí aliviada y agradecida.

Y pensándolo ahora me hubiera gustado también saber confiar en mi madre, en que ella también tiene unos valores que trasmitir, que no son muy diferentes a los míos y en que ella, en algún momento, habría sabido ponerle un límite a Joel si yo no hubiese intervenido.

Y justo hoy Joel me ha dicho que “se ha dado cuenta de que si eres amable con la gente recibes premios”. “¿Así que te gusta ser amable con la gente para recibir premios?” Le he preguntado yo. “No, también lo hago para que me quieran” ha respondido él. Y, al escuchar esto, he sentido mucha ternura y me he dicho a mí misma, que lo que yo juzgaba como ilícito, en realidad no lo es. Es lícito pedir algo a cambio de lo que das, es lícito desear que te quieran, y a la vez es maravilloso, es un regalo, aprender a dar sin esperar nada a cambio. Tal vez el día que yo lo consiga mi hijo pueda encontrar en mí un ejemplo a seguir.

Kontxi Ruiz

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s