Joel y yo

Las notas de Joel

Hoy le han dado las notas a Joel. Está en primero de primaria y son las notas de la segunda evaluación. Me resulta extraño, aun no me he acostumbrado a que le den notas y me recuerda a cuando yo era pequeña, porque era un momento muy importante para mí cuando iba a enseñárselas a mis padres, siempre deseosa de recibir aprobación. Mi hijo, sin embargo, solo parece preocupado de que las firme cuanto antes. Le han dicho que las tiene que llevar mañana. Me dice que me de prisa. En realidad creo que quiere terminar con esto cuanto antes para irse a ver su media hora de tele…

Pero yo tengo curiosidad, quiero verlas con calma. Veo notables, sobresalientes y bienes, también un insuficiente en expresión oral de lengua vasca… Y no se qué decirle. En la anterior evaluación me pasó algo parecido. Le pregunto si el ya las ha visto. Asiente con la cabeza. Le pregunto si está satisfecho con ellas. “Si, bueno sí” responde. Por su mirada y su tono pienso que ahora no quiere hablar de esto. Respiro aliviada, así tengo tiempo para pensar en qué le quiero decir yo al respecto…

Podría fácilmente decirle “muy bien hijo, qué buenas notas”, o darle la enhorabuena… de hecho hay una parte de mí que se siente muy orgullosa, sobre todo del SB en valores sociales y cívicos… Es algo así como si me estuvieran evaluando a mí como madre y soy consciente del “chute de endorfinas” que supone para mi cerebro…

Pero me siento muy incómoda con ese mensaje. No es eso lo que quiero transmitirle a mi hijo: “lo has hecho bien, así es como lo tienes que hacer” porque sería equivalente a decirle que si no saca esas notas la próxima vez, lo estará haciendo mal… Y en realidad también hay una parte de mí a la que le gustaría que mi hijo se revelase y no quisiese hacer las fichas que le mandan o los deberes…

Quizá suene a utopía pero me gustaría creer que existe un lugar más allá de los conceptos “correcto e incorrecto”. Otra manera de pensar, más flexible, más intuitiva, con una gama más amplia de colores, que no está impuesta por persona o institución externa…

No sé si soy suficientemente clara. Me resulta útil evaluar, lo hago constantemente, para tomar mis decisiones, para poder elegir… Pero me revelo ante la idea de que exista un concepto preestablecido de lo que está bien o mal, de lo que es correcto o incorrecto, en cuanto cómo tienen que ser las cosas, desde un dibujo, a una forma de vestir, o de relacionarse en pareja, en familia…

Me cuestiono cada vez más mi sistema de valores, porque sé que no es mío del todo… Está teñido de muchas creencias heredadas, que en su día se fueron gravando en mi cabeza al escuchar desde fuera “esto es lo correcto, esto no”.

Voy cuestionando algunas de ellas y voy creando poco a poco otra forma de evaluar… Es algo nuevo para mí. Muy íntimo, tiene que ver con estar conectada a mi intuición, a mis necesidades, a lo más profundo de mí misma. Cuando estoy en esa conexión sé perfectamente lo que  es bueno o malo para mí, lo que está bien o mal y no necesito la evaluación externa. Tantas veces sacaron mi atención fuera cuando era niña que he tenido que perseverar y poner mucha intención para volver a reconectarme y aun así no siempre lo consigo y el juicio externo sigue pesándome a menudo…

Así que no le diré a mi hijo “muy bien”. Ni siquiera le diré “bien”. No quiero evaluarle. Quiero que desarrolle su propio sistema de valores, que se mantenga conectado a sí mismo, en lugar de aprender a estar solo pendiente del juicio externo…

Pero sí quiero darle reconocimiento. Veo sus notas e imagino que no ha sido fácil para él hacer lo que sea que haya hecho para que se las den. Sobre todo teniendo en cuenta que le hablan en un idioma que hasta hace unos meses era nuevo para él…

Además me gustaría ser auténtica…

Es de noche, estamos ya en la habitación, yo tengo sus notas en la mano… Le digo:

Yo: Joel, estaba mirando tus notas otra vez…

Joel: ¿Te gustan?

Yo: Bueno, es un poco raro para mí, no me gusta que haya nadie que te evalúe o que evalúe a ninguna persona, poniendo una nota… Preferiría que me hablaran de las cosas que haces o dejas de hacer en el cole y de cómo se sienten los profes o los otros niños con esas cosas, o que tú mismo valoraras lo que has aprendido desde que empezaste hasta ahora… (Buffff, noto que me encantaría darle todo un sermón sobre por qué preferiría que no hubiese notas, ni etiquetas, pero me contengo…)

Joel: No te gusta que haya notas…

Yo: No mucho. Y a la vez quería decirte que estoy admirada de lo que veo, imagino que no te ha resultado fácil, hacer todo lo que te piden sobre todo teniendo en cuenta que te hablan todo el rato en euskera… Y lo que más valoro es que he visto que te han puesto un sobresaliente en convivencia…

Joel no dice nada…

Yo insito: Solo quería que supieras que me siento tranquila, me da mucha satisfacción ver que compartes mis valores de cuidado y respeto hacia otras personas…

Joel: Vale ama…pero elige ¿verdad o reto?

¡Vaya!, pienso… No parecen importarle mucho mis palabras en este momento… Sonrío y elijo “reto” y Joel me pide que me de dos voltereta encima de la cama…

Y reflexionando ahora, mientras escribo todo esto, no creo haber sido muy auténtica esta noche, la verdad. Me río sola, me parece bastante forzado lo que le he dicho… Quizá por eso no le han llegado mis palabras. Quizá hubiera bastado un “ya sabes que paso de notas, pero la verdad es que me siento tranquila cuando veo que apruebas, ¿cómo te las has arreglado para que te pongan notables y sobresalientes?”

Sonrío y me digo a mí misma que tal vez consiga ser más auténtica para la “tercera evaluación”… Y, en cualquier caso intuyo que mi hijo ya sabe lo que pienso sobre las evaluaciones y a la vez se da cuenta de que a veces me muerdo la lengua para no hacerlas… Y me digo que eso, mi propia incoherencia, el lugar de aprendizaje en el que me encuentro en este momento, es lo más auténtico que ahora mismo puedo ofrecerle…

Y, de todos modos, tengo mucho tiempo para seguir reflexionando sobre notas y evaluaciones… Me queda un largo recorrido por el sistema educativo…

Kontxi Ruiz

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2 comentarios en “Las notas de Joel”

  1. Ay, las notas en primaria. Que emocionantes, aleatorias y motivo de sacarle regalos a los padres. En nuestro insignificante colegio detrás de la luna parecen avergonzarse hasta los profes de tener que darlas. Y hasta el sieteañero las mira con media resignación medio sarcasmo ante lo poco que se ve reflejado (dice que lo que más le gusta es educación física que es donde peor nota ha sacado)… En fin, igual es para firmar la hoja cuanto antes mejor, devolverla y hacer como si no hubieran existido nunca… No lo sé…

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