Reflexiones

La Mirada del “Si”

Hace unos meses hice un curso sobre emprendedores con Sergio Fernandez. Una de las muchas cosas que dijo es que “todos venimos a hacer un aprendizaje  importante en la vida”. Nos preguntó si sabíamos cuál era el nuestro. Algunas personas respondieron que no había un único aprendizaje, si no muchos, pero el insistió en que había un “aprendizaje vital” del cual luego se derivaban los demás, de tal manera que cuando haces ese aprendizaje, después en cadena muchas cosas empiezan a encajar en tu vida…

No sé si esto es cierto o no, pero me gustó la pregunta, me impulsó a reflexionar… Un día, me pareció encontrar una respuesta. Ya me rondaba la cabeza la idea pero tomó sentido una tarde, en un parque, mientras celebrábamos el cumpleaños de un amigo… Estaba oscureciendo, yo veía una única farola a lo lejos y empezó a preocuparme que no tuviéramos luz suficiente para recoger… Dije: “dentro de poco no se va a ver nada”…  La persona que estaba junto a mí, una mujer, a la que acababa de conocer, respondió mirándome a los ojos: “Todavía se ve”.

Quizá fue su mirada intensa, quizá su tono contundente, no lo sé, pero lo cierto es que esa frase me sacudió, “calló la ficha”, y lo pensé en ese mismo momento: “aquí está mi aprendizaje vital: la mirada del sí…” Sigue leyendo “La Mirada del “Si””

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Reflexiones

El Valor del Duelo

Tantas veces en mi vida he escuchado, mientras lloraba o mostraba mi dolor, decir a alguien: “eso no es nada, no llores, no pasa nada, no te preocupes, ven, toma un caramelo, mejor reir que llorar….” Tantas veces he encendido la tele, o he mirado el móvil, o he devorado un dulce, para evadirme, para no sentir mi dolor, para no verlo siquiera…

El dolor es ante todo intensidad, y la intensidad tiene una función. Es, como un ritual. Marca un antes y un después Tras una pérdida, tras tomar conciencia de un arrepentimiento, tras el parto… Nos saca de la “linealidad anestesiada” en la que vivimos y nos permite aceptar que ha llegado un cambio a nuestras vidas, o que nuestros deseos no se han cumplido o que no se cumplirán… O aceptar el trauma pasado, que aun nos pesa y nos condiciona… Sigue leyendo “El Valor del Duelo”

Reflexiones

Poder y Límites

Llevo un tiempo reflexionando sobre el concepto de “poder”. Es una palabra que casi me asusta, está asociada en mi inconsciente a dolor y sumisión… Lo que yo he aprendido de mis referentes, de mi entorno, es un concepto de poder ligado a que alguien está por encima, porque tiene más fuerza, más recursos, más información o capacidad de elección. Desde esta visión, ante el poder yo he tendido a colocarme por debajo, en la sumisión, ligada al resentimiento y al deseo de ser yo en algún momento quien se pueda colocar por encima…

Veo a mi alrededor como reproducimos una y otra vez este modelo, en el trabajo, en la escuela, en las relaciones… Empieza en casa. Soy madre, tengo poder sobre mi hijo, cada vez que le obligo a hacer lo que yo quiero, sin tenerle en cuenta, por muy buenas que sean mis intenciones estoy reproduciendo ese modelo…

Es el modelo de la dominación, e inevitablemente le estoy enseñando a mi hijo a reproducirlo a su alrededor… Si yo le obligo a someterse, a colocarse por debajo, el buscará, en su deseo de equilibrio o de justicia, colocarse en otras ocasiones por encima de otros, de aquellos a los que sienta más débiles, más pequeños o más asustados…

Hace unas semanas usé mi poder para marcar un límite claro a Joel en relación a la tele. Llevaba un tiempo en un espacio de resignación, observando cómo mi hijo cada vez pedía más y más tele y cómo yo me estaba sintiendo impotente y débil ante su insistencia, sin atreverme a usar mi poder, confusa y con miedo a entrar en ese terreno de autoridad que no me gusta…

Una mañana de sábado en la que salió el sol después de varias semanas de lluvia le propuse ir a la playa, iban unos amigos, también con niños… A mí me hacía mucha ilusión, tenía una necesidad enorme de naturaleza y de compartir con mis amigos… Pero Joel no quería ir, decía que era perder el tiempo, que prefería quedarse en casa, que me fuera yo, que el se quedaba con amama, viendo la tele… Sigue leyendo “Poder y Límites”

Reflexiones

“Audioempatía al sol”

Estoy en el cole, Joel acaba de subir a su aula con su profesora y sus compañeros de clase. Escucho gritar al profesor del grupo que aun está en el patio, parece enfadado. Una madre a mi lado me dice que ayer también tuvo que gritarles a los niños porque no conseguía que se estuvieran quietos y que hicieran la fila para subir a clase…

Noto que se me acelera el pulso, yo también tengo ganas de gritar y lo hago por dentro: “!Joder! son niños, tienen 6 años, necesitan moverse…”

Y me voy con ganas de llorar. Otro día cualquiera no lo hubiera tomado así, no me habría afectado tanto. Pero hoy es diferente, estoy sensible. Ayer pude visitar una escuelita cercana, un proyecto educativo “alternativo” gestionado por las familias de los niños. Mientras me enseñaban los diferentes espacios podía imaginar a mi hijo moviéndose libremente en aquel lugar, siguiendo sus intereses y sus necesidades, podía imaginarle incluso con ganas de ir al cole, en lugar de escucharle decir lo que escucho a menudo: “quiero que se acabe la semana ya para no tener que aprender más, para no  tener que hacer más fichas”… Sigue leyendo ““Audioempatía al sol””

Reflexiones

La escuela de mi hijo

Esta semana dos personas me han dicho que echaban de menos las entradas en mi blog. Me ha gustado mucho escuchar esto, y a la vez, he sentido una pequeña opresión en mi pecho, parecida a la que sentía durante el verano cada vez que recordaba el blog y surgían pensamientos del tipo: “deberías escribir algo”, “ya llevas semanas sin escribir”… “tienes que cuidarlo”…

Creé este blog con una intención de contribuir con mis experiencias y mis aprendizajes a la inspiración de otros, también como un trabajo personal de mostrarme y de darme a conocer, para compartir lo que hago, mis proyectos… Me comprometí a hacer entradas cada semana o cada dos…

La autoexigencia ha sido una fiel compañera durante muchos años pero precisamente gracias a este camino que estoy recorriendo ya soy capaz de identificarla cuando surge. La acojo, la doy las gracias porque sé que su intención es ayudarme con mi necesidad de contribuir, y más en profundo, de ser valorada… pero la digo que ya no quiero funcionar así en mi vida. Que quiero hacer cada vez más las cosas con gusto y disfrute, por elección… Así que comparto ahora que mi deseo es seguir escribiendo en este blog, pero quiero hacerlo sin un compromiso temporal, simplemente cuando confluyan dos circunstancias: una es que tenga algo vivo para compartir y otra que tenga el tiempo y la energía necesarias para hacerlo con gusto, con disfrute, como un regalo a mí misma y a quien valore su lectura… Sigue leyendo “La escuela de mi hijo”

Reflexiones

La mirada que da alas

Hace poco, escuchando en un vídeo una conferencia de Alex Rovira me sentí conmovida. El compartió una frase de Goethe: “trata a un ser humano como es y seguirá siendo lo que es, pero tratalo como puede llegar a ser y se convertirá en lo que está llamado a ser” y habló de cómo nuestra mirada condiciona necesariamente las posibilidades de realización de todo ser humano, de toda forma de vida.

Y recordé una época de mi infancia, cuando yo estaba en tercer curso de EGB. Mi profesora se llamaba Fidelita. Ella tenía cierta fama, yo la temía ya meses antes de ir a su clase. Una vez, a principios de curso, estábamos de pie, en fila, mientras Fidelita explicaba algo en la pizarra. Delante de mí había una niña con pelo largo y yo, distraída, empecé a hacerle una trenza. Me sorprendió el sopapo que recibí, me humilló más de lo que me dolió. A partir de ese momento creo que me bloqueé, me ponía tan nerviosa que no era capaz de articular una palabra cuando ella se dirigía mi. Recuerdo inventar dolores de cabeza cada día para no ir a la escuela. Recuerdo también que me hizo sentar en la última fila, la de “los torpes”, a la, vez que me decía: “tu hermano (que había pasado por su clase el curso anterior) si que era listo”.

Un día Fidelita se puso enferma y vino una chica más joven a sustituirla. Puedo recordar con claridad su cara, su sonrisa, pero sobre todo su mirada. La primera vez que me preguntó algo me miró a los ojos de tal manera que fui capaz de responder, a mi juicio atropellada y torpemente. Pero ella me sonrió sin juzgar mi respuesta.

Por unos días leí en su mirada, confianza, incluso admiración, aunque yo respondiese atropelladamente, aunque yo estuviese sentada en la última fila… Y si, ahora lo veo claro, fue eso lo que me dio alas, lo que me animó a empezar a escuchar y a entender lo que ocurría a mi alrededor y a poder responder cuando me preguntaban…

El día que la sustituta se marchaba, había regresado ya Fidelita. Me había castigado sin recreo no recuerdo por qué. Yo estaba sentada en mi pupitre, mientras los demás jugaban en el patio. Quería esconderme, me daba mucha vergüenza que ella me viera así, era como si la estuviese decepcionando. Pero se acercó a mí antes de irse. Venía a despedirse, me sonrió como siempre y me dio un beso.

Terminé el curso en primera fila, escuché a Fidelita decir que “por fin empezaba a parecerme a mi hermano”… Pero no es de eso de lo que estoy orgullosa, si no de haber sido capaz de florecer aun en condiciones adversas, y solo gracias a una mirada, en la que yo leía: “creo en ti”.

Y me gustaría ser capaz de mirar así a mi hijo y a cualquier persona a mí alrededor. Me gustaría poder apartar las etiquetas que a veces pongo a las personas y aprender a mirarlas con curiosidad, con admiración y sin juicio, para poder ver su luz, incluso cuando no está encendida, o por alguna razón no está brillando del todo. Para darles alas, o, al menos, para no cortárselas.

Kontxi Ruiz

Reflexiones

Conexión

Hoy, después de una sesión de mediación con un grupo, me he dado cuenta de que la conexión es “contagiosa”. Yo he sentido conexión al ver cómo se conectaban ellos.

Cuando estoy conectada bajo la velocidad, me ralentizo, hasta mi respiración es más lenta, más profunda. Veo la belleza de las cosas que me rodean y de las personas. Mi cuerpo está blandito, relajado. No soy capaz de dañar, ni siquiera a un pequeño animal. Me siento viva, plena, bella, no necesariamente alegre, conecto con lo que está presente, con lo que está vivo en mi, también puede ser tristeza, o duelo.

Cuando estoy conectada entiendo mejor la palabra Amor y también la compasión, estoy menos apegada a las cosas, a las personas, a los resultados. Soy capaz de comprender lo que otras veces se me escapa y de sentir que todo y todos estamos interrelacionados.

Cuando estoy conectada conmigo misma no siento miedo, confío en la vida. No estoy enfadada, no estoy en otros, estoy en mí. Siento que hay esperanza, que hasta lo que más duele puede ser acogido. Y celebro la vida y tengo muchas ganas de compartirla.

Cuando me siento así no quiero que se acabe, y a la vez comprendo que, de momento, solo es para mí un estado temporal, del que me acaba sacando mi mente, mis pensamientos. A veces siento microconexiones, y noto que despierto y después otra vez me adormezco… Y siempre anhelo regresar a ese estado, aunque a menudo, anestesiada, simplemente se me olvida.

Y me pregunto ¿qué necesito para conectarme? A veces me basta un abrazo de mi hijo y otras paso días o semanas sin encontrar la manera, sintiendo que no estoy tan presente como me gustaría, que mi mente manda más que mi cuerpo, que la vida se va sin que yo la saboree del todo…

Y me pregunto también ¿cómo puedo contribuir a generar conexión a mi alrededor? Y me doy cuenta de que me queda mucho por explorar y por aprender en este terreno. Y hoy me digo que éste es ni más ni menos que mi propósito de vida: Generar Conexión, conmigo, con otras y entre otras (personas) y quiero celebrar y compartir que ya estoy en ese camino.

Kontxi Ruiz