Reflexiones

“Audioempatía al sol”

Estoy en el cole, Joel acaba de subir a su aula con su profesora y sus compañeros de clase. Escucho gritar al profesor del grupo que aun está en el patio, parece enfadado. Una madre a mi lado me dice que ayer también tuvo que gritarles a los niños porque no conseguía que se estuvieran quietos y que hicieran la fila para subir a clase…

Noto que se me acelera el pulso, yo también tengo ganas de gritar y lo hago por dentro: “!Joder! son niños, tienen 6 años, necesitan moverse…”

Y me voy con ganas de llorar. Otro día cualquiera no lo hubiera tomado así, no me habría afectado tanto. Pero hoy es diferente, estoy sensible. Ayer pude visitar una escuelita cercana, un proyecto educativo “alternativo” gestionado por las familias de los niños. Mientras me enseñaban los diferentes espacios podía imaginar a mi hijo moviéndose libremente en aquel lugar, siguiendo sus intereses y sus necesidades, podía imaginarle incluso con ganas de ir al cole, en lugar de escucharle decir lo que escucho a menudo: “quiero que se acabe la semana ya para no tener que aprender más, para no  tener que hacer más fichas”… Sigue leyendo ““Audioempatía al sol””

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Conversaciones con Joel

Empieza el Curso

He disfrutado mucho del tiempo que hemos pasado juntos Joel y yo este verano. He tenido la sensación de que se había creado un círculo beneficioso entre los dos. Con conflictos, como siempre, pero con una actitud de tolerancia mutua que ha ayudado a resolverlos con facilidad…

Pero ha empezado el curso y todo es diferente… En realidad creo que él sigue necesitando lo mismo de siempre: jugar, divertirse, atención, cariño, ser tenido en cuenta, poder elegir… El problema es que cuidar de todo esto con el cole de por medio, me resulta más difícil…

Además, yo me siento un poco ansiosa estos días, con la sensación de querer hacer muchas cosas y frustrada por no encontrar todo el tiempo que me gustaría y por no saberme organizar mejor. Lo cierto es que no estoy disfrutando tanto de Joel, noto que cuando estoy con él, estoy pensando en otra cosa, que no estoy presente… Y ya no fluimos como en vacaciones…

Hoy es día de cole, he recogido a Joel a las 12.30, y a las 3 tiene clase otra vez, es el primer día que tiene clase por la tarde. Se ha sentado delante de la tele de amama nada más llegar, y media hora después ha subido a casa y ha encendido el ordenador… Sigue leyendo “Empieza el Curso”

Conversaciones con Joel

Emoticonos…

Joel tiene un pequeño aparato con una ruedita que si la jiras se ve un emoticono nuevo… A veces me mira y me pregunta ¿En qué emoción estás? Y mueve la ruedita y elige un emoticono para mí, y después yo le pido que elija uno para él…

Esta noche, estamos en la habitación tumbados en la cama, tiene el aparato en la mano y me está enseñando los diferentes emotis que hay. Uno de ellos guiña un ojo y muestra una sonrisa… Joel me dice que esa es la cara que pones para atraer a las chicas y que salgan contigo…

Yo le pregunto: ¿Te gustaría salir con chicas?

Joel: No, ni hablar.

Yo: Quizá es pronto, pero puede que un día te pase que te atraiga una chica o un chico, alguien especial con quien te gustaría estar más tiempo…

Joel: Ya me pasa con las chicas…

Yo: ¿Ah si? ¿Y cómo es? ¿Sientes un cosquileo en el estómago?

Joel: Noooo, no quiero salir con ellas, ni casarme ni nada, solo las miro…

Yo: ¿Te gusta mirarlas?

Joel: Siiiiii.

Yo: Entiendo.

Y hay un silencio. Intuyo que Joel ya no me quiere hablar más de “chicas”, aunque a mí me interesa. Me entra un calorcito por dentro al saber que a mi hijo le gusta mirar a las chicas, me parece que se está haciendo muy mayor… Es la primera vez que hablamos de esto, pero me da miedo ser “preguntona” y conseguir con eso que “cierre puertas”… así que cambio de tema.

Yo: Oye, ¿Sabes qué? Hay algo que quiero inventar: los “NECESICONOS”

Joel: ¿Qué es eso?

Yo: Pues unos dibujitos que representan necesidades, igual que los emoticonos representan emociones… Puede que me haga famosa ¿sabes? Aunque con un poco de suerte ya están inventados y alguien está a punto de implantarlos en el móvil…

Joel: ¿Y para qué sirven?

Yo: Muy fácil, la gente suele pensar que cuando se siente mal es culpa de alguien o de algo externo, pero en realidad tiene que ver con algo que le pasa por dentro, sobre todo con que no están cuidadas sus necesidades… ¿lo entiendes?

Joel: No se…

Yo: Pues sería como inventar un lenguaje nuevo para el washapp, por ejemplo, en vez de decir estoy depositphotos_96493834-stock-illustration-vector-annoyed-emoticon porque me ha pegado Pepito, diría: me ha pegado Pepito y yo estoydepositphotos_96493834-stock-illustration-vector-annoyed-emoticon  porque quiero que me traten con … y aquí aparecería un dibujito, un necesicono representando lo que es importante para tí… A ver, ¿Tú qué necesitas?

Joel: Alegría

Yo: Eso es una emoción, ¿Qué te da alegría?

Joel: Pues jugar…

Yo: Justo, jugar o atención o cariño o comprensión o ayuda, respeto, encontrar sentido a lo que haces, o conexión… para mí esta necesidad es especialmente importante…

Joel: Cuando estás conectada estás así, y me enseña un emoticono que sonríe y cuando estás desconectada estás así y me enseña otro enfadado.

Yo: Si, así es…

Joel: ¿Y podré coger de tus montones de dinero?

Yo: ¿Qué montones?

Joel: los que te darán por hacerte famosa…

Yo: Ehhhhh pues no se, pero me ocuparé de que tus necesidades estén cubiertas… (y me río y le guiño un ojo…) Y voy a apagar la luz ya porque creo que ahora necesitas dormir… Muaca…

 

Kontxi Ruiz

Reflexiones

La escuela de mi hijo

Esta semana dos personas me han dicho que echaban de menos las entradas en mi blog. Me ha gustado mucho escuchar esto, y a la vez, he sentido una pequeña opresión en mi pecho, parecida a la que sentía durante el verano cada vez que recordaba el blog y surgían pensamientos del tipo: “deberías escribir algo”, “ya llevas semanas sin escribir”… “tienes que cuidarlo”…

Creé este blog con una intención de contribuir con mis experiencias y mis aprendizajes a la inspiración de otros, también como un trabajo personal de mostrarme y de darme a conocer, para compartir lo que hago, mis proyectos… Me comprometí a hacer entradas cada semana o cada dos…

La autoexigencia ha sido una fiel compañera durante muchos años pero precisamente gracias a este camino que estoy recorriendo ya soy capaz de identificarla cuando surge. La acojo, la doy las gracias porque sé que su intención es ayudarme con mi necesidad de contribuir, y más en profundo, de ser valorada… pero la digo que ya no quiero funcionar así en mi vida. Que quiero hacer cada vez más las cosas con gusto y disfrute, por elección… Así que comparto ahora que mi deseo es seguir escribiendo en este blog, pero quiero hacerlo sin un compromiso temporal, simplemente cuando confluyan dos circunstancias: una es que tenga algo vivo para compartir y otra que tenga el tiempo y la energía necesarias para hacerlo con gusto, con disfrute, como un regalo a mí misma y a quien valore su lectura… Sigue leyendo “La escuela de mi hijo”

Reflexiones

La mirada que da alas

Hace poco, escuchando en un vídeo una conferencia de Alex Rovira me sentí conmovida. El compartió una frase de Goethe: “trata a un ser humano como es y seguirá siendo lo que es, pero tratalo como puede llegar a ser y se convertirá en lo que está llamado a ser” y habló de cómo nuestra mirada condiciona necesariamente las posibilidades de realización de todo ser humano, de toda forma de vida.

Y recordé una época de mi infancia, cuando yo estaba en tercer curso de EGB. Mi profesora se llamaba Fidelita. Ella tenía cierta fama, yo la temía ya meses antes de ir a su clase. Una vez, a principios de curso, estábamos de pie, en fila, mientras Fidelita explicaba algo en la pizarra. Delante de mí había una niña con pelo largo y yo, distraída, empecé a hacerle una trenza. Me sorprendió el sopapo que recibí, me humilló más de lo que me dolió. A partir de ese momento creo que me bloqueé, me ponía tan nerviosa que no era capaz de articular una palabra cuando ella se dirigía mi. Recuerdo inventar dolores de cabeza cada día para no ir a la escuela. Recuerdo también que me hizo sentar en la última fila, la de “los torpes”, a la, vez que me decía: “tu hermano (que había pasado por su clase el curso anterior) si que era listo”.

Un día Fidelita se puso enferma y vino una chica más joven a sustituirla. Puedo recordar con claridad su cara, su sonrisa, pero sobre todo su mirada. La primera vez que me preguntó algo me miró a los ojos de tal manera que fui capaz de responder, a mi juicio atropellada y torpemente. Pero ella me sonrió sin juzgar mi respuesta.

Por unos días leí en su mirada, confianza, incluso admiración, aunque yo respondiese atropelladamente, aunque yo estuviese sentada en la última fila… Y si, ahora lo veo claro, fue eso lo que me dio alas, lo que me animó a empezar a escuchar y a entender lo que ocurría a mi alrededor y a poder responder cuando me preguntaban…

El día que la sustituta se marchaba, había regresado ya Fidelita. Me había castigado sin recreo no recuerdo por qué. Yo estaba sentada en mi pupitre, mientras los demás jugaban en el patio. Quería esconderme, me daba mucha vergüenza que ella me viera así, era como si la estuviese decepcionando. Pero se acercó a mí antes de irse. Venía a despedirse, me sonrió como siempre y me dio un beso.

Terminé el curso en primera fila, escuché a Fidelita decir que “por fin empezaba a parecerme a mi hermano”… Pero no es de eso de lo que estoy orgullosa, si no de haber sido capaz de florecer aun en condiciones adversas, y solo gracias a una mirada, en la que yo leía: “creo en ti”.

Y me gustaría ser capaz de mirar así a mi hijo y a cualquier persona a mí alrededor. Me gustaría poder apartar las etiquetas que a veces pongo a las personas y aprender a mirarlas con curiosidad, con admiración y sin juicio, para poder ver su luz, incluso cuando no está encendida, o por alguna razón no está brillando del todo. Para darles alas, o, al menos, para no cortárselas.

Kontxi Ruiz

Reflexiones

Conexión

Hoy, después de una sesión de mediación con un grupo, me he dado cuenta de que la conexión es “contagiosa”. Yo he sentido conexión al ver cómo se conectaban ellos.

Cuando estoy conectada bajo la velocidad, me ralentizo, hasta mi respiración es más lenta, más profunda. Veo la belleza de las cosas que me rodean y de las personas. Mi cuerpo está blandito, relajado. No soy capaz de dañar, ni siquiera a un pequeño animal. Me siento viva, plena, bella, no necesariamente alegre, conecto con lo que está presente, con lo que está vivo en mi, también puede ser tristeza, o duelo.

Cuando estoy conectada entiendo mejor la palabra Amor y también la compasión, estoy menos apegada a las cosas, a las personas, a los resultados. Soy capaz de comprender lo que otras veces se me escapa y de sentir que todo y todos estamos interrelacionados.

Cuando estoy conectada conmigo misma no siento miedo, confío en la vida. No estoy enfadada, no estoy en otros, estoy en mí. Siento que hay esperanza, que hasta lo que más duele puede ser acogido. Y celebro la vida y tengo muchas ganas de compartirla.

Cuando me siento así no quiero que se acabe, y a la vez comprendo que, de momento, solo es para mí un estado temporal, del que me acaba sacando mi mente, mis pensamientos. A veces siento microconexiones, y noto que despierto y después otra vez me adormezco… Y siempre anhelo regresar a ese estado, aunque a menudo, anestesiada, simplemente se me olvida.

Y me pregunto ¿qué necesito para conectarme? A veces me basta un abrazo de mi hijo y otras paso días o semanas sin encontrar la manera, sintiendo que no estoy tan presente como me gustaría, que mi mente manda más que mi cuerpo, que la vida se va sin que yo la saboree del todo…

Y me pregunto también ¿cómo puedo contribuir a generar conexión a mi alrededor? Y me doy cuenta de que me queda mucho por explorar y por aprender en este terreno. Y hoy me digo que éste es ni más ni menos que mi propósito de vida: Generar Conexión, conmigo, con otras y entre otras (personas) y quiero celebrar y compartir que ya estoy en ese camino.

Kontxi Ruiz

 

Joel y yo

Dinero

A Joel le ha entrado “la fiebre del dinero”, parece como si hubiese caído en la cuenta, así, de repente, de que con dinero se pueden conseguir las cosas que le gustan y también de que él puede conseguir dinero. Ha empezado a pedirlo, a mí, a mi madre, a sus tíos…

El otro día bajó donde mi madre, le hizo un masaje y le preguntó si le daría algo de dinero a cambio. Mi madre le dio un euro y el subió muy contento a enseñármelo. Yo le miré mientras pensaba “joooo le ha pedido dinero a cambio de un masaje…” y empezaban a pasar por mi mente algunos juicios sobre él y sobre mi madre. No dije nada, pero el debió leer la censura en mi mirada o en mi gesto… Lo pienso porque al día siguiente volvió a bajar donde mi madre, esta vez para hacerle un espectáculo de marionetas, y cuando terminó le dijo que “no tenía por qué darle nada a cambio pero que si quería que se lo diera…” (Joel había dejado la puerta abierta así que yo lo escuchaba todo desde arriba) Y ella le dio 2 monedas de 50 céntimos… Subieron los dos juntos, Joel me enseñó su dinero con una gran sonrisa, “ahora podré comprarme otro coche de hootweels” dijo y rápidamente añadió que ella se lo había dado porque había querido, que él no le había pedido nada… Sigue leyendo “Dinero”