Sobre la Comunicación No Violenta

Marshall Rosenberg desarrolló la CNV como un modelo de comunicación humana a partir de su experiencia como mediador, psicólogo y terapeuta. Este modelo nos involucra en un proceso de reflexión y aprendizaje relacionado con cómo nos comunicamos habitualmente y cómo podemos hacerlo de un modo más coherente con nuestros valores.

Podemos entender la CNV como una manera de estar en el mundo, una forma de vida que busca la conexión conmigo mism@, con las personas que me rodean y con el entorno. Se basa en una comunicación honesta y consciente. En lugar de reaccionar de forma automática ante las situaciones vividas, vamos dando respuestas conscientes y conectadas con lo que vemos, sentimos y necesitamos. Aprendemos a identificar nuestras propias formas de actuar que favorecen el conflicto y la desconexión y nos educamos a nosotras mismas para estar presentes de un modo que potencie la armonía y la cooperación.

SOBRE LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS.

Los modelos de resolución de conflictos que nos han enseñado se apoyan en juicios, en exigencias, en castigos y recompensas. Hemos crecido en ese marco, nos miramos a nosotr@s y a l@s demás a través de él y utilizamos con frecuencia una forma destructiva de comunicarnos que genera sufrimiento. La CNV busca generar conexión y cercanía entre las personas para que pueda aflorar su impulso natural de contribuir. La intención es que las personas actuemos motivadas por la alegría de contribuir a la vida, no por miedo o por el deseo de recibir una recompensa.

La propuesta de la CNV para afrontar la resolución de conflictos prioriza el cuidado de la relación por encima de la consecución de un resultado. Nos  ayudará a construir relaciones de calidad, en las que a todas las personas nos importan las necesidades de las demás y donde podemos relacionarnos con amor, con humor y con mayor disfrute encaminándono creativamente hacia estrategias “win win”, en las que ganamos todas.

 

DOS MARCOS, DOS FORMAS DISTINTAS DE REACCIONAR ANTE EL CONFLICTO

Rosemberg eligió dos animales (chacales y jirafas) tanto por su fisionomía como por algunos de los aspectos de su conducta, para ejemplificar dos formas distintas de comunicarnos y de reaccionar ante el conflicto.

HABITUAL – CHACAL:

El chacal es el símbolo de la agresión y la dominación. Cuando estoy en este marco, ante un estímulo doloroso (alguien hace o dice algo que no me gusta), mi reacción es: tomarlo como algo personal, defenderme, atacar, juzgar, culparme a mí o al otro.

Cuando siento malestar pienso en términos de: “existe un culpable de que yo me sienta mal, hay alguien que ha hecho algo mal, algo que no debería… voy a encontrarlo y a castigarlo de algún modo para que se dé cuenta del daño que me ha hecho y nunca más lo vuelva a hacer…”

Las emociones de ira, rabia y miedo se alimentan de este modo de pensar que pone su atención en el juicio, la culpa y el castigo. Es decir, esta forma de pensar, en si misma puede llevarnos a estas emociones y cuando estamos en ellas se “desconecta” nuestro cerebro racional y toma los mandos el cerebro reptiliano (la amígdala cerebral, la parte de nuestro cerebro responsable de  nuestra supervivencia) y de forma automática nos prepara para el ataque o la huida.

Explotar, gritar, reprochar, huir, culpar… son reacciones automáticas ante un estímulo doloroso. Se producen solas, sin pensar, nos resulta fácil dejar que ocurran, más fácil cuanto más a menudo ocurren. Lo difícil es pararlas.

Esta forma de reaccionar ante el conflicto lejos de ayudar a solucionarlo lo multiplica.

COMPASIVO – JIRAFA:

La jirafa fue escogida como símbolo del lenguaje compasivo porque es el animal mamífero terrestre que tiene el corazón más grande, necesario para impulsar la sangre hasta lo alto de su cabeza, también porque esa altura representa la capacidad de tomar distancia en los conflictos y ser capaz de ver la postura de las demás personas.

Cuando estoy en este marco, ante un estímulo doloroso, en lugar de enfocarme en la culpa y el castigo, me paro a observar. Me distancio de las cosas para ver que está sucediendo realmente, dentro y fuera de mí. Llevo mi atención de forma consciente a mis sentimientos y mis necesidades. Esto me lleva a conectar con otro tipo de emociones: tristeza, dolor, frustración, impotencia, desaliento… En estas emociones mi cerebro racional se mantiene conectado. Tengo más libertad para elegir mi respuesta ante el estímulo, porque no estoy en el cerebro “automático”. Puedo responder de forma coherente a mis valores, escuchando con empatía a la otra persona o expresándome con honestidad desde el corazón.

Gracias a la neuroplasticidad cerebral (Capacidad del cerebro de cambiar en función de la experiencia) podemos aprender a pensar en términos de sentimientos y necesidades. Podemos entrenarnos para desarrollar cada vez más la capacidad de responder desde nuestro “cerebro compasivo” en lugar de reaccionar desde los automatismos.

COMPONENTES DEL LENGUAJE NO VIOLENTO

El reto que propone la CNV está en crear nuevos modelos de relación que permitan que aflore nuestro impulso natural de contribuir, que nos permitan comunicarnos desde esa intención de tenernos en cuenta mutuamente y de buscar el beneficio mutuo.

El proceso para hacer realidad el cambio  comienza trabajando con nuestra propia mentalidad, con la visión que tenemos de nosotros mismos y de los demás, y con la forma en que cubrimos nuestras necesidades. Puede ser un trabajo profundo, todo un desafío, aprender a mirarnos y a mirar de otra manera, apartando el juicio, la culpa, el castigo, la recompensa… Conectándonos con lo que está vivo en nosotros y en los demás.

En este proceso es necesario “bajar la velocidad”, parar y encontrar una armonía entre el “pensar” y el “sentir” y cultivar una actitud de “apertura hacia lo nuevo”, de “curiosidad por la verdad del otro”, animándonos a cuestionar nuestras creencias, a explorarlas, y a actualizarlas si han dejado de funcionar. También es importante practicar mucho, perseverar y estar dispuesto a equivocarse, tener intención y voluntad.

Marshall propuso en su modelo 4 componentes (Observación, Sentimientos, Necesidades, Petición) que pueden ayudarnos en la comunicación a generar la calidad de conexión que buscamos con la otra persona:

 OBSERVACIÓN SIN EVALUACIÓN

Nos mantenemos fieles a los hechos, a aquello que vemos y escuchamos. Sin juzgar, calificar, comparar, suponer ni distorsionar de ninguna forma lo sucedido. Ponemos especial atención en no confundir observación con evaluación, porque si las mezclamos seguramente la otra persona escuchará una crítica.

Una observación pura es “Antonio ha hablado 3 veces sin esperar el turno de palabra en la asamblea esta tarde”. Decir, por ejemplo, “Antonio no nos deja hablar” es interpretar los hechos. Si decimos “Antonio siempre interrumpe” estamos generalizando.

 

IDENTIFICAR NUESTROS SENTIMIENTOS

Nos centramos en qué está vivo dentro de nosotr@s en cada momento. Qué emociones sentimos en relación con los hechos que observamos. A veces no resulta fácil, ya que tenemos un vocabulario mucho más rico para etiquetar a l@s demás que para describir nuestros sentimientos. El listado de sentimientos puede servirnos de ayuda.

Algunas expresiones como “engañad@” o “rechazad@” son falsos sentimientos, ya que en lugar de describir nuestras emociones, esconden una evaluación de lo que han hecho otras personas y nos impiden asumir nuestra responsabilidad.

Desde la mirada de la CNV, lo que l@s demás hacen o dicen puede ser el estímulo que desencadena nuestros sentimientos, pero en ningún caso la causa. Somos responsables de nuestros sentimientos, tienen que ver con nuestra interpretación de los hechos, nuestros pensamientos y nuestras necesidades.

Asumimos la responsabilidad cuando reconocemos nuestras necesidades, deseos o valores como la verdadera causa de nuestros sentimientos, en lugar de echar la culpa a l@s demás. Al mismo tiempo, al expresarnos honestamente con l@s otr@s y sin transmitir culpa, aumentamos las probabilidades de conexión y de ser recibid@s como nos gustaría.

En resumen, Los sentimientos están conectados con nuestras necesidades, todos son valiosos indicadores que tienen que ver con que nuestras necesidades estén o no cubiertas, con lo que nos ocurre dentro, no con lo que ocurre fuera de nosotros.

Sentimientos dolorosos, (sola, aburrida, ansiosa, asustada, decaída, furiosa, preocupada, triste, frustrada…) nos hablan de necesidades no cubiertas.

Sentimientos agradables, (confiada, alegre, tranquila, agradecida, fascinada, serena, plena, libre..) nos hablan de necesidades cubiertas.

TOMAR CONCIENCIA DE NUESTRAS NECESIDADES

Nuestra educación ha considerado como egoísta el hecho de que nos ocupemos de nuestras propias necesidades. Sin embargo, consciéntemente o no, todo ser humano busca sin cesar colmar sus necesidades fundamentales. La experiencia muestra que la conciencia de nuestras propias necesidades no nos encierra en nosotros, sino que, precisamente, nos abre a la comprensión de las necesidades de los demás.

Todos los seres humanos compartimos las mismas necesidades. Junto a nuestras necesidades fisiológicas de base (comer, beber, resguardarse, dormir…) nuestras necesidades más cotidianas son la escucha, el compartir, la comprensión mutua, la ayuda mutua, el cariño, el contacto, el reconocimiento, la pertenencia, la diversión, la expresión, el sentimiento de ser útil… Muchas veces confundimos estas necesidades con nuestras ganas o deseos, que son en realidad las estrategias o acciones que nos permiten satisfacerlas.

Cuando aprendemos a reconocer nuestras verdaderas necesidades profundas ganamos en libertad y en responsabilidad y podemos desapegarnos de acciones o deseos concretos al ser conscientes de que no hay una, sino muchas estrategias posibles para satisfacer esas necesidades.

Por ejemplo, ante la pregunta: ¿qué necesitas?

Nerea responde: ¡que me toque la lotería¡

¿Y eso qué te daría?

Nerea: si tuviera dinero ¡no tendría que trabajar más!

¿Y eso qué te daría?

Nerea: tendría tiempo para hacer lo que realmente me gusta

¿y eso qué te daría?

Nerea: me sentiría libre, plena…

Estas son las necesidades profundas de Nerea (libertad, plenitud, realización personal…). Tomar conciencia de ello y abrirse a la abundancia de estrategias, podría ayudarle a satisfacer esas necesidades (quizá Nerea podría encontrar un trabajo donde hiciera lo que realmente le gusta, o reorganizar su vida para encontrar el tiempo de hacer lo que le gusta…).

LO QUE PEDIMOS A L@S DEMÁS O A NOSOTR@S MISM@S

Mucho sufrimiento nace de nuestra esperanza de que l@s demás (o algo exterior) colmen nuestras necesidades insatisfechas, sin emprender por nosotros mismos ninguna conducta concreta. Nos quejamos, suspiramos, en vez de formular peticiones o de comenzar a engendrar el cambio deseado. Mediante el establecimiento de una estrategia (petición o acción) salimos de la trampa de la resignación o pasividad.

La CNV nos invita a formular peticiones realistas, claras y concretas, a hacerlo en positivo, y dejando claro que son negociables. Nos invita además a pararnos a pensar en cuáles son las necesidades de la otra persona. Es decir, de alguna manera transmito en mi petición que las necesidades de la otra persona me importan… y si recibo un no, me abro a comenzar un diálogo, a entender lo que le pasa a la otra persona, a qué está diciendo si….

Nuestras peticiones serán percibidas como exigencias cuando la otra persona piense que será castigada de alguna manera si no lo hace (con un castigo concreto, con un comentario que implique culpa, con un tono de enfado…) Cuando las personas que nos escuchan, en lugar de recibir una petición escuchan una exigencia, tienen dos opciones: someterse o revelarse. Cualquiera de los dos nos aleja de la calidad de conexión que estamos buscando.

GRAMÁTICA CNV:

“Cuando veo, escucho….”(hechos concretos)

“Me siento…”

“Porque necesito…”

“¿Estarías dispuesto a…?”

Esto es sólo la “gramática básica de la CNV”, pero lo que realmente marca la diferencia en la comunicación es anteponer la intención de conectar con la otra persona al deseo de conseguir un resultado concreto o demostrar que tengo razón… Independientemente de las palabras que utilicemos.

SOBRE MARSHALL ROSEMBERG

El modelo CNV fue creado por Marshall Rosemberg. Nació en EEUU en 1934 y dedicó su vida a entender las raíces de la violencia y de la compasión. Psicólogo, terapeuta, conocido mediador internacional, buscaba un método que permitiera diseminar relaciones de paz en el mundo, alineándose con el movimiento de Ghandhi.

El método fue desarrollado a principios de los años 60 y desde entonces es enseñado y utilizado en todo el mundo. ¿Quién lo está aprendiendo? Personas, parejas, familias, organizaciones, gobiernos y grupos como: estudiantes, educadores, profesionales de sanidad, consejeros, prisioneros…

Rosemberg usó la CNV en programas de paz y en zonas conflictivas incluyendo Ruanda, Burundi, Nigeria, Malasia, Indonesia, Sri Lanka, Colombia, Serbia, Croacia, Irlanda y el Medio Oriente.

Falleció en el año 2015.

Bibliografía: “Deja de ser amable, se auténtico” Thomas de D’ansembourg. “Comunicación no violenta, un lenguaje de vida” Marshall Rosemberg. “La Corazón o el arte de poner orden sin dar órdenes” de Roxana Cabut y Raed El-Younsi. “Breve guía CNV” Luis M. García (Cambios Posibles).

 

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